viernes, 14 de mayo de 2010

NOTA DE OPINIÓN 1810

9 de diciembre de 1813

¡Gritémosle nuestra libertad al mundo!

Por Bernardo José de Monteagudo

Nuestro territorio se encuentra en constante avance desde que, con la ayuda y el esfuerzo de toda la población, se logró repeler el asalto que llevaron a cabo los ingleses en el año 1807 a la ciudad de Buenos Aires. A partir de allí, habiendo quedado en evidencia que no necesitamos de la ayuda de los españoles, que no somos inferiores a los ibéricos, sino hasta superiores, el proceso de emancipación se desató aceleradamente, y vivimos a los tres años, en aquellas fatídicas jornadas de mayo, los frutos de ese brote de autonomía, con la Revolución, que desató oficialmente nuestro proceso de independencia.

En los consecutivos meses y años, hemos avanzado militarmente contra los españoles, ganándoles valiosos territorios para la conformación de un país independiente, demostrando una vez más que nadie puede imponerse ante este creciente pueblo, amedrentando la, ya no tan ilusión, sino la certeza de que nos espera un futuro espléndido.

Hemos avanzado en el ámbito político, experimentando, acercándose cada vez más al sistema que le correspondiere a nuestro territorio nacional, proponiendo y participando, debatiendo, en resumen, actuando. Pasó la Primera Junta, gran representante del patriotismo, recordada por siempre por la declaración del 25 de mayo de 1810 dentro del Cabildo. Pasó la Junta Grande, donde todos fuimos parte gracias a la integración de representantes de todas las provincias, aunque la Junta pareció derrumbarse, ante el conflicto con el Dr. Mariano Moreno, pero se pudo evitar la catástrofe, y no caer de vuelta en manos de los reales una vez más, aunque lamentablemente Moreno tuvo que abandonar la Junta. Y ahora nos encontramos bajo un régimen de gobierno tripartito, que se mantiene estable y con creces, a pesar de la conspiración de Martín de Álzaga, que amenazó la consolidación del Triunvirato en julio de 1812, pero que pudo ser sorteada, donde tuve el grandísimo honor de abogar por Rivadavia, secretario del Triunvirato.

Hemos avanzado en el ámbito social, a partir de la Asamblea General Constituyente, convocada a principio de año, al dictar la libertad de vientre, al eliminar los títulos de nobleza, al abolir la tortura y la Inquisición, al librar del pago de tributos a los indígenas, al terminar con el tráfico de esclavos, entre otras disposiciones que fueron garantizando cada vez más los derechos y la igualdad de todos los habitantes del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Hemos avanzado en lo patriótico, luchando contra los españoles, derrotando en una y otra batalla a los españoles, aún en inferioridad numérica, con estrategias que demuestran la grandeza de nuestra futura nación; con la confección de una Escarapela y una Bandera, símbolos que me siento orgulloso me representen a mí y al pueblo de las Provincias Unidas; con el establecimiento de un Escudo Nacional, que nos recuerda nuestros lazos de hermandad entre las provincias, y nuestra bien merecida libertad; y con la composición de un Himno Nacional, que nos recuerda la incesante lucha por la que hemos pasado, y nuestra libertad, recompensa por esas batallas vencidas.

Sin embargo, no nos acercamos a una declaración definitiva de independencia, ni mucho menos a un proyecto constitucional decente para nuestro territorio. En la Asamblea General Constituyente teníamos como principal objetivo la sanción de una Constitución Nacional, y la declaración de la independencia, sin embargo no estuvimos ni cerca de lograrlo, sucumbiendo ante diferencias entre sectores que pusimos por encima de nuestra libertad. Hemos dado incontables muestras de independencia, de capacidad, pero a cada intento cae en detrimento de los intereses personales. Nos hemos probado a nosotros mismos una y otra vez que, puertas adentro, somos prácticamente una nación independiente, a la altura de la España, pero desde afuera aún tenemos la apariencia de una colonia.

Debemos urgentemente declarar nuestra independencia y sancionar una Constitución Nacional, antes de que todo el sacrificio político, social y militar al que nos hemos cometido para liberarnos de los españoles haya sido en vano, antes de que sea demasiado tarde, y el mundo no nos tome en serio.

¡Sancionemos nuestra Constitución, declaremos nuestra independencia, y gritémosle nuestra libertad al mundo!

ENTREVISTA 1810

19 de setiembre de 1812

INSEGURIDAD Y DISCRIMINACIÓN

La complicada situación de los comerciantes

Ante el aumento de la inseguridad, y el racismo latente de nuestra sociedad, los comerciantes, como Juan Manuel, ven sus labores y sus ingresos ampliamente disminuidos.

Los últimos años se ha visto un aumento considerable en cuanto a la inseguridad que existe en las calles de nuestra ciudad, que ya han superado la barrera de lo caótico, y que permiten la observación de injusticias totalmente alejadas al comercio en sí. A continuación veremos el caso de un hombre que, como muchos otros, no ha podido salvarse de esta idiosincrasia que simplemente destruye con cualquier rayo de esperanza que se les pudiera presentar a él, o a cualquier otro comerciante, dejando su futuro a la deriva, en manos de Dios. Veamos el caso de Juan Manuel, un comerciante de la Plaza Mayor:

- Discúlpeme señor, buenas tardes.

- Buenas tardes, señor.

- ¿Podría ser tan amable de disponer un poco de su tiempo para responder unas preguntas?

- Sí, no hay problema.

- ¿Le podría pedir su nombre, primero que nada?

- Mi nombre es Juan Manuel, y tengo 36 años.

- ¿De qué trabaja usted?

-Yo soy un comerciante ambulante. Vendo velas aquí en la Plaza, y también en las zonas de los terratenientes.

- ¿Ha experimentado algún tipo de cambio en los últimos tiempos con relación a su trabajo?

- En los últimos tiempos han bajado mucho mis ventas, el negocio se está complicando mucho, por la inseguridad.

- ¿A qué se refiere cuando habla de inseguridad?

- Hay muchos más robos últimamente, ya habrá visto el caso de este hombre que fusilaron la semana pasada, que venía robando desde hace como cuatro o cinco meses. El problema también es que los robos ahuyentan a los terratenientes y la gente adinerada, que prefiere quedarse en su casa, y ya no viene tanto aquí a comprar.

- ¿Y tiene algo pensado para intentar mejorar las ventas?

- Hace unos días contraté a un chico para que vaya a vender a los barrios de los terratenientes, a ver si allí podemos encontrar más posibilidades de ventas.

- ¿Y las ha encontrado?

- No demasiado en realidad, porque como el chico es mulato, no le compran demasiado, por su raza. El negocio se está complicando mucho.

- Desde ya muchas gracias por su testimonio, ha sido muy amable de su parte, y la mejor de las suertes para que pueda salir adelante.

- No hay por qué, y sí, esperemos que se pueda mejorar.

Como se puede apreciar, la inseguridad creciente desde la expulsión de los reales de la nación, probablemente producto del menor control que se ejerce sobre las actividades cotidianas, como lo son el comercio, produce un gran impacto sobre los principales actores de éstas mismas actividades, los comerciantes, que tienen una gran disminución en su clientela. A su vez, la inseguridad también genera prejuicios en los sectores de mayor capacidad económica, que ante una persona de otra raza, a la que consideran “inferior”, prefieren evitar el contacto con la misma, aún cuando simplemente esté tratando de conseguir el pan para la mesa. Sin embargo, también entra allí en acción el racismo latente que yace en el seno de nuestra sociedad de, justamente, considerar “inferior” a alguien por su color de piel o su origen, y ese vicio destruye completamente la concepción de una sociedad justa que se pueda buscar en el futuro para nuestro territorio, plagado de injusticias, que simplemente agravan las condiciones de los pobres, como Juan Manuel, víctima del racismo, despertado por la inseguridad que cada día aumenta más y más, y deja a más personas sin poder comer, ni vivir.

NOTICIA 1810

11 de setiembre de 1812

OTRO CRIMEN RESUELTO

Fusilaron al ratero de la Recova

El suceso tuvo lugar ayer, en el centro de la Plaza Mayor, llevado a cabo por el condecorado Cadete Mayor Juan Galo de Lavalle, frente a un sinfín de ojos atentos.

Transcurría una armoniosa tarde, en que el revoloteo de las palomas decoraba el suave tono rojizo del cielo desplegado por sobre la Plaza Mayor, bajo la profunda tranquilidad otorgada por la brisa primaveral, que levantaba las hojas caídas de los robles añejos plantados por nuestros recordados antepasados allí por el año 1700, cuando los mulatos comerciantes de la Plaza suelen dirigirse a sus humildes hogares para apreciar el ocaso, y reposar para un nuevo día de trabajo.

Sin embargo, esa bella escena precedente a una nueva noche estrellada en el puerto de Buenos Aires no sería tan apreciada por la multitud presente en la Recova de la Plaza Mayor, que presenciaban atentamente el fusilamiento de Miguel Yaco, el buscado ratero de la Recova.

El acto, que comenzó a las 16 horas del día de ayer, y culminó tres horas más tarde, fue encarrilado por la primera compañía del honorable Regimiento de Granaderos a Caballo, a cargo del condecorado Alférez Hipólito Bouchard, y el fusilero encargado de la ejecución del criminal a la hora de la caída de la penumbra fue el Cadete Mayor Juan Galo de Lavalle.

Esta fue la primera ejecución llevada a cabo por el Cadete Mayor, la cual realizó a la perfección, sin rastro de vacilaciones, y luego de la ceremonia mostró igual profesionalismo, al responder que simplemente “es mi deber a realizar por la Patria, y responder a ello es un honor inigualable para mí”, y mantuvo también su correcta actitud al hablar del ladrón: “Nunca lo conocí, no puedo profesar una opinión al respecto del mismo”.

Miguel Yaco, que había llegado hace cuatro años del puerto de Lima, capital del Virreinato del Perú, había robado ya a una gran cantidad de comerciantes de la Recova de la Plaza Mayor, datado el primero de ellos de hace cinco meses, y la orden de captura contra él se había anunciado el 9 de julio. Sin embargo, varias de las víctimas afirman que actuaba en ayuda de un cómplice, ya identificado como su hermano, Mario Yaco, pero que aún se encuentra prófugo. Nuestra ciudad aún no puede descansar tranquila.

CRÓNICA 1810

29 de enero de 1811

PROBLEMAS EN LA BANDA ORIENTAL

Perseguido un hombre por los guardias reales

El joven de 18 años intentó asesinar al virrey Francisco Javier de Elío, los guardias reales lo descubrieron, pero no fueron capaces de atraparlo.

La semana pasada, se dio un hecho sin precedentes para Montevideo, cuando la misma se vio frente a la primera persecución desde el establecimiento del capitán general Francisco Javier de Elío a cargo del Virreinato del Río de la Plata, con la ciudad como su nueva sede de capital.

El hecho, según el custodio real, comenzó cuando descubrió a un espía merodeando por los pasillos de los aposentos del rey, con una navaja en sus manos. El muchacho de no más de 17 años, al ver al guardia, dio inicio rápidamente a su odisea de escape. Escapó hacia la calle saltando por los ligustros del jardín, y corrió un total de 7 cuadras, eludiendo a decenas de comerciantes, y llevándose a su paso gran cantidad de mercadería que quedó estampada por los caminos, hasta que logró llegar a la plaza central de la ciudad.

Allí, el joven le arrebató a un viejo alfarero una carreta impulsada por dos caballos, mientras atrás suyo corrían cinco guardias reales, intentando atraparlo. A pesar de los destrozos ocasionados por el hombre, la gente se solidarizó con el joven que se fugaba, e intentaron sabotear la persecución, cerrando el camino a quienes lo perseguían. Para agravar más la situación de los custodios, la segunda carreta del viejo, a la cual se subieron para intentar alcanzar al criminal, era tirada por dos mulas bicocas. Durante alrededor de 20 minutos intentaron perseguir al muchacho, pero el joven, de repente, desapareció de sus vistas, como si la tierra se lo hubiera tragado.

Todavía hoy siguen rastreando al joven fugitivo, pero no hay una pista de su paradero, por lo que el virrey se encuentra muy decepcionado y enojado con sus guardias, por no haber detectado al intruso con antelación en la casa real, y por haber sido superados ampliamente por el joven, “carente de entrenamiento y aptitudes para humillar así a la Guardia Real Española”, según sus propias palabras.